PINGÜINOS CON RUEDAS

‘ClaxonPRESS’ compartió calor motero y temperaturas gélidas bajo el lema ‘Pasión por la moto’

Frío ambiental y calor motero. A partes iguales. Emoción a raudales y un sinfín de kilómetros a las espaldas. Desde todos los puntos de España, desde cualquier otro rincón europeo. Desafiando la meteorología adversa. Todos con el GPS rumbo a Valladolid. A hacer realidad el lema de este año: “Pasión por la moto”. Cuatro días, solo cuatro pero intensos. Sin duda que les saben a poco, pero quedan grabados de manera perenne en sus memorias y, a la vez, en las páginas de la historia motera más osada.

Crónica de la mayor concentración motera invernal de Europa

Texto y fotografía:

ANTONIO LÓPEZ

(Enviado especial a Valladolid y Mojados)


Pingüinos, el cónclave más importante de Europa (formalmente este año era la XXXVI Concentración Motorista Invernal Internacional) puso su punto y final sin incidentes de importancia y no solo logrando un broche de oro con el récord de participación (acudieron 36.470 personas frente a las 28.141 de hace un año) sino también marcando hitos, revalidando una fiesta continuada, plena de camaradería y solidaridad. Y con el plus de provocar tal expectación entre los ciudadanos no moteros, pequeños y mayores, que a su reclamo se inundan de público las calles y plazas vallisoletanas, expectantes todos ante el paso de una ruidosa comitiva en clave de colorista desfile, todos a bordo de dos, a veces más, ruedas.

Son singulares quijotes moteros cabalgando por la estepa castellana. La calidez de trato que despide la peculiar condición de ´pingüino sobre ruedas´ logra imponerse con creces al gélido ambiente (hasta siete grados bajo cero, de madrugada) usual de la época del año en estas recias y nobles tierras, en el centro de Castilla y León.

La verdad es que supo a poco lo mucho vivido en cuatro jornadas casi completas, día y noche, desafiando al sueño y al termómetro. Por eso hubo tanta emoción a raudales en la hora de la despedida, con los petates y macutos ya recogidos de aquella manera, tiendas plegadas, mochilas al hombro, las máquinas lagrimeando al ralentí junto a los rescoldos de hogueras que se resisten a morir, lonas aún cubiertas de escarcha, rostros bañados en lágrimas, y besos con abrazos por doquier, todos en el intento de alargar al máximo el momento de iniciar un largo y nostálgico camino de vuelta a casa…

Y mientras los motores vuelven a rugir, mostrando definitivamente su poderío, revoluciones a tope, el Club Turismoto ya pergeña la cita del próximo año. Dicen que más y mejor.

Objetivo: Valladolid

Hasta allá, Valladolid y sus alrededores tomados al asalto por la pacífica invasión motera, viajó Claxonpress para compartir con tales pingüinos locales y foráneos cuatro días de intensa convivencia... y volver para contarlo. Toda una experiencia, digna de ser repetida, que se clausuró con evidente éxito logístico y de participantes, en una convocatoria calificada de histórica tanto por los organizadores como por el Ayuntamiento puzelano.

Esta es la crónica, resumida pero fidedigna, que descubre la parte esencial de lo mucho y bueno que allá aconteció este año.

La primera, en la frente

Pues no, no es cierto que lo que mal empieza, mal acaba. Aunque el periodista viajero, recién aparcado tras recorrer setecientos kilómetros, no las llevara todas consigo. Pues resulta que llega al lugar de concentración, una vasta pinada, la antigua Hípica Militar (rebautizada para la ocasión como ‘El Nido de Pingüinos’, al borde de la carretera que conduce a la vinícola Rueda), y no está la acreditación. ¿Motivo? La encargada lo ignora. Resulta que problemas organizativos les han impedido enviarla por correo electrónico. Logro el teléfono de José Manuel, alma mater de la entidad organizadora, pero ignora mis llamadas repetidas. Alguien se apiada y me sugiere probar suerte en la carpa de Oficinas, “que está por allí detrás”. Eureka. Por fin, aparece el distintivo, que me acredita siempre y cuando lo luzca al cuello, para tener así libre acceso a un recinto donde los moteros ya empiezan a acumular leña (facilitada gratis por la organización) para el fuego que estos días debe calentar cuerpos y almas.

El nuevo lugar de concentración y acampada (Pingüinos ha ido variando de emplazamiento en ediciones anteriores, sorteando problemas internos que llegaron a impedir alguna convocatoria) no parece mal acondicionado, aunque sus peculiares características tampoco favorecen la distribución idónea de servicios. Se agradece que este año habilitaran junto al escenario una carpa gigante, de tres mil metros cuadrados y capacidad para seis mil personas, y que el suelo se cubriera de césped artificial para evitar la formación de barro  y de paso combatir el frío, o resguardarse de la nieve o lluvia. La predicción meteorológica no incluye precipitaciones, pero toda previsión es poca y más vale prevenir. Pese a que la confortabilidad de la extensa campa cuajada de pinos, salpicada de variopintas tiendas, lonas de todas formas, colores y tamaños, sea mejorable, nadie parece quejarse.

Me advierten de que hay normas estrictas en cuanto a respeto por la Naturaleza y máximo cuidado con las fogatas. Así, todos han de seguir al pie de la letra los consejos de los agentes medioambientales: está prohibido clavar nada en los árboles, ni descortezarlos, cortar o podar leña del pinar; tampoco introducir madera en las tiendas de campaña; solo se permite encender fuego en los sitios marcados y previamente han de estar limpios de ramas, hierba u hojas secas hasta medio metro alrededor; el fuego nunca demasiado grande, ni cerca de los árboles, amén de otra serie de consejos que persiguen evitar que haya incendios. Todos los moteros parecen cumplir las normas, ampliamente difundidas. No les falta leña, pues la reparte de forma gratuita (está prohibido venderla dentro de la zona de acampada) la organización. Pero como siempre surgen problemas y quejas de que no se facilita la suficiente, recomiendan a los que viajan solos o en pareja que se agrupen con otros para encender entre todos una sola hoguera.

Tras un recorrido somero por el lugar salta a la vista la necesidad, reconocida así por muchos moteros, de dotar al agreste cobijo de más y mejores zonas de aseos, adecentar los caminos, y ampliar y racionalizar las instalaciones. Los organizadores son conscientes de todo ello, casi tanto como unos moteros que están habituados a las incomodidades y que siempre suelen ponen su mejor cara al tiempo adverso.

Hay convencimiento pleno de que sumar y no restar es requisito imprescindible para alcanzar el nuevo reto: un aumento progresivo de participantes que permita llegar a la mítica cifra de 40.000 inscritos dentro de cuatro años, cuando se celebre precisamente la edición 40. Una meta en cuyo horizonte inmediato ya no hay rastro de antañas dificultades organizativas internas, que derivaron en discrepancias con la autoridad municipal con ribetes de pugnas políticas, partidistas y hasta personales. Rifirrafes que aquí y ahora no vienen al caso pero que provocaron que en 2015 no se pudiera celebrar Pingüinos, cita que por fin se recuperó en 2017 lográndose 22.000 inscripciones.

El caso es que, felizmente terminado por fin el sencillo trámite acreditativo, el paso siguiente es repatear la senda andada para hacerme con el popular y ansiado Pack Pingüinos, incluido en la inscripción de cada participante y que la organización me facilita sin pegas, aunque previo pago de 25 euros (dicen que no soy motero “solo periodista”) de forma diligente, esta vez sí. Se trata de una coqueta bolsa en forma de mochila que contiene, al menos en teoría, una medalla conmemorativa, un pin, otro recuerdo de la edición 2019, tarjeta identificativa, la revista oficial, un adhesivo, un bolígrafo y… lo más apreciado para todo motero: tiques gratuitos para saborear el caldo pingüinero, el carajillo, alguna que otra degustación sólida, un aperitivo, un par de desayunos, incluso participas en el sorteo de una moto y de otros regalos. Hay veces, doy fe, en las que el contenido real no corresponde en su totalidad a lo descrito. O puede que las largas colas cupón en mano para acceder a algo caliente y gratis hagan desistir de usarlo. Pero siempre está disponible algún chiringuito del recinto, que exhiben precios módicos o al menos de los que no atentan al bolsillo.

Cruz Roja y la DGT

En el llamado Nido Pingüinero ha acampado también Cruz Roja, dispuesta su dotación a atender las patologías más frecuentes, que en estos días no suelen ir más allá de cortes, indisposiciones pasajeras, quemaduras, abrasiones, contusiones y traumatismos. La presencia de la ONG se extiende dentro y fuera del multitudinario campamento, con casi medio centenar de voluntarios para las tareas de asistencia sanitaria, coordinación y la logística, amén de equipos y puestos de socorro básicos y avanzados. Todo se controla desde el Centro Autonómico de Coordinación de Cruz Roja, en Valladolid, eficazmente coordinado con la Central de Emergencias del 112 de la Comunidad de Castilla y León. Gran trabajo.

El despliegue de la Dirección General de Tráfico es todavía mayor, y se hace visible dentro y fuera de la pinada motera, por tierra y por aire. En el exterior, impresiona el dispositivo especial de seguridad diseñado especialmente para controlar a miles de motoristas que cruzan España haciendo cientos de kilómetros en tres o cuatro días.

Por eso los agentes de la Agrupación de Tráfico de la Guardia Civil del Subsector de Valladolid llevaron a cabo desde el jueves hasta el domingo una vigilancia específica sobre conductas arriesgadas, conducción peligrosa, controles de velocidad, alcohol y drogas, y documentación obligatoria. A las unidades de tierra se les ha añadido la vigilancia del helicóptero Pegasus, que sobrevuela infatigable las carreteras de alrededor, tarea aérea que completa uno de los drones que tiene la DGT. Pero también dentro del recinto se ha instalado Tráfico, en una coqueta carpa con expositor donde los agentes llevan a cabo actividades informativas para motoristas y de concienciación sobre las consecuencias de conductas de riesgo. Bajo el eslogan ‘Comparte espacio, comparte seguridad’, moteros y público en general tienen acceso libre a infografías, folletos, videos formativos sobre conceptos de seguridad vial para motoristas, mensajes de concienciación...

Además, funcionarios de la Jefatura Provincial de Valladolid e instructores de la Academia de Tráfico de Mérida hacen gala de una especial amabilidad y humor ante el visitante. Sobre todo, a la hora de prestar unas gafas de simulación para que uno compruebe cómo puede influir a distintas dosis el alcohol y el cannabis en la conducción. De lo más solicitado es el servicio, aquí sí que voluntario, de someterse al etilómetro que indica el índice real de alcohol de cada motero que vaya a ponerse en marcha. Porque, una vez de puertas afuera, ya no hay simulación que valga y el exceso se paga en metálico y en puntos, como mínimo. Atractivo resulta también fotografiarse sobre una de las motos de gran cilindrada de la Guardia Civil, con agente incluido, y conocer de cerca los equipos que llevan las patrullas de la Agrupación de Tráfico: un cinemómetro portátil con tecnología láser y un lector portátil de droga.

Visitas gratis

Por la cuenta que le trae (sabe perfectamente la eficacia de esa publicidad continuada que, en boca y en redes sociales, hacen del evento miles de moteros nacionales y extranjeros) la Diputación vallisoletana se vuelca, franqueándoles el paso a los centros turísticos de toda la provincia, que siempre hay tiempo también para empaparse de cultura.

Así, el motero inscrito disfruta de entrada gratuita a museos (del vino, del pan, de las villas romanas), al imponente Castillo de Fuensaldaña, al Centro de Interpretación de la Naturaleza, al Canal de Castilla… Quizá falte tiempo para todo, aunque es cuestión de organizarse. Para muchos nostálgicos, la visita obligada es a la exposición de motocicletas antiguas. Como para la gran mayoría lo es también colaborar en la entrega de alimentos para la altruista “Operación Kilo”, destinada a paliar las penurias de colectivos necesitados.

Pero el extenso programa oficial ideado para cuatro días es muy interesante a la par que divertido, y apenas si deja tiempo libre para abarcar más propuestas. Pingüinos da el necesario protagonismo a las máquinas en forma de dos desplazamientos a modo de desfile: el de Banderas, a lo largo de un recorrido urbano por el centro de Valladolid, y el de Antorchas en homenaje a los moteros fallecidos desde la anterior cita y que siembra emoción y añoranza a su paso por el centro de la capital hasta la Acera de Recoletos, donde desde una corneta en directo surge el emotivo toque de oración cuyo sonido y simbolismo eriza la piel.

La única ruta diseñada nos pone rumbo a la bella Mojados, noble villa de iglesias mudéjares que presume orgullosa de haber acogido en el año 1517 al futuro emperador Carlos V en su viaje desde Flandes para ser proclamado rey de Castilla, y donde hoy la exhibición de “stunt” (maniobras acrobáticas) que ofrecen los especialistas Humberto Ribeiro y Narcís Roca deja a todos boquiabiertos y con inmensas ganas de emularles.

A media tarde las motos ya han invadido las calles y plazas mojadenses. Sin duda, hoy la hostelería local hará su agosto en pleno enero. El Ayuntamiento agradece la presencia pingüinera con una degustación sopera que entona los cuerpos, aunque la cola es obligada. Resulta tan difícil encontrar hueco en algún bar del pueblo que la cantina del mismísimo Hogar del Pensionista es centro de peregrinación durante toda la tarde, tras abrir sus puertas con diligencia a todo motero, fuera joven o mayor, jubilado o no.

Al caer la noche se impone iniciar el camino de vuelta, dispuestos a catar el “vermú motero”, ideado este año para degustar en el propio Nido. Incluso el vino fino, o manzanilla, que acompaña el espectáculo fusión de rock y sevillanas, también novedad y acogido con no menor entusiasmo.

Y es que el programa motero estaría huérfano sin la música de aditivo imprescindible. Por eso los pingüinos disfrutan en su propia plaza no solo de sesiones de Dj sino de una completa oferta de conciertos musicales (Roll and Roll Circus, The Creden Beat) y, lo más esperado, la presencia de la Orquesta Mondragón en la popular Fiesta de Nochevieja y Año Nuevo Pingüinero (el de las doce piñones en lugar de uvas), con Gurruchaga y la ministra de Turismo, presumiendo de vallisoletana, cantando el “Imagine” de Lenon y a punto de salir escaldada, antorcha en mano, por un leve fallo pirotécnico que le chamusca la melena, todo ello en la tradicional quema de la falla del artista Juan Villa (creador del atrezo del programa ‘Cuarto Milenio’). La joven ministra, que también quiso conocer la carpa de la DGT, restó importancia al incidente y elogió “la riqueza que esta concentración motorista aporta al turismo”, animando a todos “a participar en la concordia y solidaridad de un evento que es el mejor de Europa”.

Y por fin llegó el concierto de despedida, a cargo del grupo Tequila, avanzada ya la medianoche de la última jornada. Entre unos y otros, en cuatro noches musicales sin descanso, se intercalaron los Old Memphis, Los Pichas, el grupo portugués Soversion e incluso la Escuela de Baile Villa de Bureva promocionando sus sevillanas. Así cada velada, hasta que el sueño, el cansancio o el frío, nos venció a todos.

El año que viene, más Pingüinos.•

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